'El día de la revelación' no es la mejor película de Steven Spielberg, pero sí es un emocionante 'thriller' de ciencia ficción
Andrea Zamora
-Redactora
Más de diez años de experiencia en prensa cinematográfica y apasionada del cine independiente, con especial interés en la fantasía y la ciencia ficción. Siempre en busca de nuevas historias y miradas creativas

El cineasta utiliza el género como excusa para hablar de nosotros mismos y le queda un filme que no es perfecto, pero que está inundando de su característica forma de conmover, agitar y hacer sentir desde una titánica amabilidad

Un alienígena es infinito en su forma hasta que se demuestre lo contrario. Hasta que lo veamos, un ser de otro planeta tiene miles de apariencias. Podría seguir la idea del manido cabezón con ojos gigantescos, sí, pero también la de algo que nuestra mente humana no puede ni podrá comprender. Lo segundo, claro, no es compatible con mostrar o exponer ese recurso al público en una película. La imagen clásica de estos seres del vasto cosmos es la misma a la que recurre Steven Spielberg en El día de la revelación y, en esta decisión visual, hay una conexión con lo que es en sí mismo El día de la revelación: un 'thriller' de ciencia ficción también clásico en el que poco importa qué forma tiene ese ser de otro mundo. Aquí la clave no es el alienígena, sino cómo la humanidad se enfrenta a la idea de que existan.

La vuelta a la ciencia ficción de Spielberg es un ejercicio de cine tradicional, pero no por eso es menos seductor. Al director le ha quedado una película emocionante inundada de su característica forma de conmover, agitar y hacer sentir desde una titánica amabilidad. Como buena historia de ciencia ficción, el género aquí no es más que una simple excusa para hablar de algo muy humano y, ya que estamos, de ciencia y religión, desinformación y el poder de las grandes corporaciones. Pero a Spielberg también le ha salido una aventura en la que hay resoluciones de trama perezosas y que contiene un villano tópico y salido de tono que parece que se les ha olvidado que existe cuando se alcanza el clímax.

Spielberg no pierde el tiempo. El día de la revelación comienza 'in medias res', en medio de la acción, con Daniel, el personaje de un gran Josh O’Connor, como protagonista. La forma en la que arranca esta historia no es, precisamente, como una espera y, con eso, Spielberg ya nos ha atrapado. Igual que con Ready Player One (2018) consiguió condensar en unos cuantos minutos el mundo en el que transcurría esa deliciosa aventura distópica, el director es capaz de asentar personalidades, romances, rivalidades, pasados y decisiones en una mera introducción con una impecable puesta en escena y un ritmo envidiable.

La escena de cuatro minutos de 'El día de la revelación' para la que Emily Blunt se negó a usar inteligencia artificial: "Me aterra un poco"

Lo que se nos presenta es que Daniel se encuentra a la fuga. El protagonista ha traicionado a la empresa de tecnología en la que trabajaba porque ha descubierto un secreto que cree que debe conocer la humanidad: el de que los extraterrestres existen. Con él, Spielberg lleva el ritmo rápido de un 'thriller' de espías. Con Margaret, la otra mitad de El día de la revelación y a quien da vida una magnífica Emily Blunt, la cosa no se mueve de una forma tan apabullante. Con ella, la película se toma su tiempo para desarrollar otro misterio por descubrir: el de una presentadora de televisión que, de repente, habla en una lengua que no se parece a ninguna otra.

La primera parte de El día de la revelación es el despertar de este importante encuentro, el de Daniel y Margaret, uno que puede concluir en un cambio de paradigma para el mundo. Y, claro, hay fuerzas que buscan evitar eso. Ahí entra en juego Noah Scanlon, el fallido villano de Colin Firth. A Noah se le presenta como alguien que hará todo lo posible para que el importante secreto no salga a la luz, pero la forma de su derrota no está a la altura de la construcción del personaje.

Pese a algunos tropiezos que emborronan algo que podría haber sido majestuoso, Spielberg consigue finalizar la historia dejando un vibrante sabor de boca. El broche de oro comienza de una forma preciosa, con la recuperación de un recuerdo olvidado y compartido en la recreación de la habitación de una niña. Para la última parte de la sinfonía, el cineasta toma el camino más bello por el que podía optar: el de envolverlo todo en la verdad.

El final de El día de la revelación hace honor a su título. A veces, no hay nada más conmovedor que los ojos vidriosos de una persona contándole al mundo algo que está descubriendo al mismo tiempo que el resto de todos los seres de este planeta.

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