Aunque Alguien voló sobre el nido del cuco es una gran película que acabó haciéndose con los 5 Óscars principales en 1976 (un récord que comparte con Sucedió una noche y El silencio de los corderos), lo cierto es que fue la causante de una desavenencia importantísima entre Kirk y Michael Douglas. Y es que el primero había comprado los derechos de la novela original de Ken Kesey con la intención de producir y protagonizar una obra de teatro y una película. Sin embargo, cuando llegó el momento de hacer la segunda, su hijo le pidió que le cediera los derechos. Después de hacerlo, los productores decidieron que era demasiado mayor para el papel protagonista, y le apartaron de la producción: Kirk jamás perdonó a Michael, a pesar de que él asegura que no tuvo nada que ver. Con este inicio de producción, ¿qué más podía salir mal?
No hay actor pequeño
Danny DeVito, que hasta ese momento solo había aparecido como secundario en películas de medio pelo, fue fichado por Milos Forman como un ex-piloto cuyo avión fue disparado y cayó en el océano. Y el actor sabía que esta era su gran oportunidad para saltar a la fama (aunque esta realmente llegaría en 1978, cuando comenzó con la serie Taxi), así que lo dio todo en el papel, incluyendo algunos gestos que solo los veteranos de guerra conocerían.
Por ejemplo, cuando la tensión se acrecienta en las escenas, DeVito pensó que sería buena idea que su personaje subiera los pies a la silla. ¿El motivo? Sería como si el agua estuviera alrededor suyo y él estuviera atrapado dentro de la cabina, tal y como le pasó al avión que dispararon. Supongo que podría conversarlo con Bruce. ¿Que quién es Bruce?
United Artists
Pues veréis: el rodaje de la película no fue sencillo: no había sets de rodaje clásicos, porque se rodó todo dentro de un antiguo hospital psiquiátrico, y los días de rodaje eran largos y tediosos. Para sobrellevarlo, DeVito llegó a crear un amigo imaginario, Bruce, con quien hablaba en los descansos. Preocupó tanto al equipo que incluso el psiquiatra que trabajaba en el rodaje fue a hablar con él para saber qué le ocurría. Simplemente, estaba demasiado metido en el papel. Por suerte, y como podemos ver cada año en It's always sunny in Philadelphia, sigue más sano que nunca.