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    Cannes 2017: Violaciones, jeringuillas y kickboxing llenan de sangre 'Prayer For Dawn'
    Por Alejandro G. Calvo — 20 may. 2017 a las 16:08

    Sábado sin grandes nombres en Cannes, pero con películas más que interesantes: 'Prayer For Dawn' de Jean-Stéphane Sauvaire, 'L’amant d’un jour' de Philippe Garrel y 'The Square' de Ruben Östlund.

    Las sesiones de medianoche en Cannes siempre son estimulantes. Proyectadas sobre la una de la mañana suele ir el material de género más puro del festival. Terror, ciencia-ficción, ultraviolencia, porno… aquí hemos podido ver desde Arrástrame al infierno (2008) de Sam Raimi a Love (2015) de Gaspar Noé. Este año debutamos nocturnamente con Prayer for dawn de Jean-Stéphane Sauvaire, la brutal historia real de un boxeador heroinómano que acabó dando con sus huesos en una cárcel tailandesa, por lo que la película parece un cruce demoníaco de American Me (1992) con Kickboxer (1989). De una dureza extrema con secuencias de violaciones, sexo transgénero, torturas, palizas, suicidios y humillaciones de todo tipo, Prayer for dawn hace que El expreso de medianoche (1978) parezca Cenicienta (1950). Como es habitual en el 98% de las películas que se muestran en Cannes, pesa de excesiva duración (dos horas largas), pero aun así es innegable su terrorífico impacto frontal. El horror era esto.

    Ruben Östlund lleva años tratando de sentirse el digno heredero tanto de Michael Haneke como de Luis Buñuel, pero sus películas, sin embargo, acaban siempre cargando en demasía: Guitar Mongoloid (2004), Play (2011) o Fuerza mayor (2014); es como si por más que tratara de imponer un poshumor de carácter surreal -como un Larry David marca Hacendado- acabara siempre pesándole más la carga dramática de sus películas. Vaya, que es capaz de reírse de algunas cosas pero no puede dejar de remarcar el gran autor euopeo que se siente. Una pena porque The Square -presentada a competición oficial- es, sin duda, su mejor película. Aquella en el que el humor prevalece frente al horror y donde consigue sus secuencias más brillantes -sólo la escena de sexo entre el protagonista (Claes Bang), un director de un museo de arte contemporáneo, y una periodista americana (Elisabeth Moss), ya es digna de aplauso-. Pero no podía dejarlo en una simple comedia, claro. The Square, que satiriza con brutalidad la estupidez y el esnobismo que puebla el arte abstracto moderno (así como sus máximos valedores: los burgueses), tiene también un metraje salido de madre con el añadido que sus últimos cuarenta minutos albergan lo peor de la película: hay una performance horrible donde un hombre salvaje trata de “incomodar” a los ricos que financian el museo que es absolutamente abominable. Una pena, porque en sus mejores momentos parece un episodio alargado de Museo coconut dirigido por un Michael Haneke adicto al hachís.

    Cerramos con la mejor película del día: L’amant d’un jour de Philippe Garrel, presentada en la Quincena de Realizadores. El maestro francés nos cuenta una bonita historia de amor a dos bandas: el fraternal, entre un padre y una hija que acaba de separarse; y el romántico, entre ese mismo padre y su novia, de la misma edad que su hija. Realizada en un bellísimo blanco y negro, L’amant d’un jour está tan cerca de los mejores films de Eric Rohmer como del Woody Allen de los años 80. Más terrenal y literario que otras veces, la película gana enteros tanto en la descripción de personajes como en las relaciones que se tejen entre ellos. Una película preciosa, sin duda alguna.

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