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    Por qué ya solo puedes ver películas cortas
    24 abr. 2022 a las 10:01
    Sara Heredia
    Sara Heredia
    -Redactora
    Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

    El ansia de consumo, el entretenimiento rápido y el cansancio del día a día transforman el modo en que disfrutamos de lo audiovisual.

    "Noche tras noche, aunque puedo elegir cualquier cosa en el mundo para ver, siempre acabo buscando lo mismo: una película corta (de pelotas)". Así arranca el cómico Pete Davidson el 'sketch' viral de Saturday Night Live que han visto millones de personas en todo el mundo y ha convencido incluso a Netflix para crear una categoría específica para películas de 90 minutos.

    Aunque lo de Pete Davidson es solo una broma, tiene gran parte de verdad. Porque no es solo que ya no queramos, es que ni siquiera podemos estar frente al televisor durante mucho más tiempo. Un estudio de la Universidad Técnica de Dinamarca publicado en 2019 recoge que la capacidad de atención colectiva se está reduciendo debido a la cantidad de información que se presenta al público. El síndrome FOMO -las siglas 'fear of missing out' o 'miedo a perderse algo' en español- del que tanto se habla últimamente es real y también afecta al modo en que consumimos películas y series.

    "El contenido está aumentando en volumen, lo que agota nuestra capacidad de atención y nuestro impulso por la 'novedad' nos hace cambiar colectivamente entre temas más rápidamente", dice el autor del estudio de la Universidad de Dinamarca y experto en física teórica Philipp Lorenz-Spreen, del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, que ha investigado las dinámicas colectivas de atención condicionadas por las redes sociales.

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    Esa sensación que tienes de no poder estar al día con todo no es fruto de tu imaginación. Las plataformas de ‘streaming’ son cada vez más y cada una de ellas estrena cada semana decenas de películas y series - Netflix, por ejemplo, cerca de 80 películas al mes- que a su vez tienen diversas temporadas cada una con una tanda de capítulos por ver. Esta Matrioska audiovisual sin fin está generando cambios en nuestra manera de consumir. Ya no disfrutamos pacientemente de lo que vemos en pantalla, sino que devoramos una película -incluso a doble velocidad, ya que las plataformas ofrecen esta funcionalidad- y, antes de terminar, estamos yendo a por la siguiente.

    El ansia de consumo: ver algo que me entretenga para pasar a otra cosa

    "La manera de consumir de los espectadores ha cambiado absolutamente. El público se ha hecho ansioso en su consumo. Que se reduzca la duración de las películas, es la manera de conseguir que se consuma más aún”, señala Mercedes Medina, doctora en Comunicación, experta en tendencias de consumo audiovisual, y profesora titular de Periodismo de la Universidad de Navarra. “Te están bombardeando con estrenos cada tres minutos en 'streaming' lo que genera la sensación de que tienes que verlo todo, pero claro, no tienes tiempo para ello”, añade Juan Carlos Jiménez, profesor de Sociología de la Universidad CEU San Pablo.

    La solución es verlo de la forma más liviana y más superficial posible. Las series y las películas cada vez se adaptan más a esa idea de consumo extremadamente rápido y olvido todavía más rápido. Y eso tiene mucho que ver con la idea de sociedad líquida, la sociedad postmoderna en la que vivimos”, continúa Jiménez

    El profesor del CEU habla de una sociedad basada en el individualismo, donde prima lo temporal, y es inestable y cambiante. Todo lo que hay en nuestro entorno tiene fecha de caducidad y reina el ansia por la renovación. Se ha implantado en los espectadores esa ansiedad por consumir que deja a un lado el disfrute de la obra en sí misma y la culpa viene de esos catálogos mastodónticos que no paran de crecer en las diferentes plataformas de 'streaming'. “Se ha perdido el concepto de audiencia. Lo importante es cuántas suscripciones hay y, por tanto, rellenar la plataforma”, apunta Ángel Quintana, catedrático de Historia y Teoría del Cine de la Universidad de Gerona.

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    La accesibilidad a las plataformas de ‘streaming’ vs. el espectáculo de los cines

    El 'streaming' ha democratizado el acceso de los hogares al cine y, mientras esto es algo bueno, también tiene efectos secundarios. El primero es que damos menos valor a lo que consumimos desde casa. Los servicios de vídeo bajo demanda tienen la ventaja de que “llegan prácticamente a todos los hogares, pero también está la desventaja de que quita cualquier dimensión voluntaria. Ver la tele o Netflix es casi involuntario. Lo tienes ahí y ves la primera cosa que haya", cuenta Juan Carlos Jiménez. Como lo tenemos al alcance de la mano, se diluye el valor de lo que estamos viendo. Y no ayuda nada que podamos pausar la película cuando queramos para ir al baño, tomar algo de la cocina o consultar el móvil con sus notificaciones constantes.

    Fotograma de la temporada 2 de 'Los Bridgerton', éxito indudable de Netflix.

    Que nuestra capacidad de concentración ha cambiado "no es una opinión, es una evidencia", como zanja la profesora de la Universidad de Navarra, "la capacidad de atención se ha reducido muchísimo y lo veo en las aulas. El alumno no es capaz de seguir una clase de 45 minutos, o mejor dicho, es capaz de seguirla, pero es una atención absolutamente fragmentada, compartida con otras actividades". Según datos de la empresa especializada en neuromarketing Emotion Research LAB, nuestra capacidad de atención se ha reducido hasta un 50% en los últimos 20 años.

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    Mientras en casa reclamamos contenidos entretenidos y cortos que no requieran demasiada atención y esfuerzo, en las salas de cine se produce el efecto contrario. The Batman (2022) dura casi tres horas, Dune (2021) son dos horas y media, Sin tiempo para morir (2021) dos horas y 43 minutos, Fast and Furious 9 (2021) dos horas y 23 minutos. ¿Por qué?

    Todas ellas son un espectáculo cinematográfico que ha costado mucho tiempo, dinero y esfuerzo realizar y su estreno en cines es, prácticamente, un acontecimiento. Igual que no damos valor a lo que vemos en casa, cuando logramos despegarnos del sofá para ir a ver algo en pantalla grande lo hacemos por una buena causa. Es decir, grandes efectos especiales y escenas impactantes. Es casi como una vuelta a los orígenes del cine como atracción, lo mismo que se vivió con las películas de Mélies o Segundo de Chomón.

    Los 'blockbuster' son un cine de atracciones y cualquier atracción visual, ya sea una persecución de coches, una sesión de efectos visuales de ciencia ficción o un número musical, necesita un lucimiento. Por ejemplo, en una película de Marvel, la escena de lucha final está llena de grandes artificios y, si esto cuesta tantos millones, es preciso que se note”, apunta Quintana, catedrático de Historia y Teoría del Cine

    Lo que es evidente es que las dinámicas de consumo audiovisual están cambiando radicalmente. Y eso ya empieza a notarse también en las salas de cine, donde se está dando cabida atambién a espectáculos musicales. Por ejemplo, el pasado mes de marzo una de las películas más taquilleras en España fue BTS Permission to Dance on Stage, un concierto de la famosa banda coreana BTS. 

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    El director de cine Álex de la Iglesia hablaba de ello en una reciente entrevista con SensaCine donde explicó que uno de sus sueños era montar un cine: “Imagínate que una película solo se puede ver en un cine y que sea nuestro. Por ejemplo, encargas una película a Pathos con el requisito de que sea un escándalo brutal pero que no genere ningún problema porque solo se verá en nuestro cine”, fabuló el director. “Me gustaría montar shows, en los que cierras la calle, y el público desaparece y hay un espectáculo de mentalismo, por ejemplo. Hay que pensar estrategias e innovar. Consiste en convertir el hecho del cine en un puro espectáculo, que sea un palacio del terror por ejemplo, y con una tienda de merchandising, incluso”, concluye el director.

    Entonces, la situación se resume de la siguiente manera. Ir al cine a ver una película es un evento extraordinario porque preferimos disfrutar de la comodidad del hogar, pero en casa, entre móviles, paradas para ir al lavabo y el cansancio del día a día, nos decantamos por cosas rápidas que, simplemente, nos entretengan. Se ha abandonado el placer artístico del séptimo arte por el puro entretenimiento y cuanto más, mejor. Es el retrato de una sociedad donde ya nada perdura y prima lo efímero.

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