Normal
Críticas
3,5
Buena
Normal

Nadie es normal

por Tomás Andrés Guerrero

Parecía que tras sorprender a todo cinéfilo al ponerse tras las cámaras en Megalodón: La fosa, el director Ben Wheatley había vuelto a sus fueros con la marciana Bulk, el cineasta vuelve al cine palomitero con Normal: un 'neo-western' hiperviolento que consolida la reinvención de Bob Odenkirk como estrella de acción tras Nadie (Nobody). Con un guion de Derek Kolstad (creador de John Wick), la película se presenta como una carta de amor al género que intenta mezclar el tono gélido de Fargo con las frenéticas coreografías de la saga protagonizada por Keanu Reeves. El resultado es un entretenimiento sangriento y muy disfrutable, aunque lejos de alcanzar la emoción de sus mayores referentes.

Odenkirk en esta ocasión interpreta a Ulysses Richardson: un sheriff sustituto que llega al recóndito y nevado pueblo de Normal (Minnesota), con la intención de pasar seis semanas de invierno bebiendo café y huyendo de un pasado marcado por fracasos laborales y matrimoniales. Su filosofía de que "la vida es mucho más fácil cuando te importa un poco menos" pronto choca con la realidad del lugar. La aparente tranquilidad de esta pequeña población esconde una alianza con la Yakuza japonesa, que ha enriquecido a sus residentes a cambio de usar el pueblo como escondite geográfico. Cuando Ulysses se ve envuelto en un robo al banco local, descubre que los pintorescos vecinos -liderados por el corrupto alcalde Kibner (Henry Winkler)- posee un armamento digno de un ejército y está dispuesto a matarlo para proteger sus secretos.

Bob Odenkirk de los despachos de Saul Goodman a repartir estopa

Magnolia Pictures / WME Independent / Leonine

Lo mejor de Normal es, sin lugar a dudas, el innegable carisma de Odenkirk. Su capacidad para soltar comentarios sarcásticos mientras reparte golpes lo convierte en un héroe de acción creíble y muy entrañable que sostiene la película a sus espaldas. Además, Wheatley demuestra que sabe cómo rodar un tiroteo, aprovechando al máximo el entorno nevado para desatar un caos visceral, apoyado en efectos visuales que permiten una violencia cuerpo a cuerpo muy sangrienta y gráfica.

Sin embargo, la cinta presenta costuras evidentes: no es tan divertida como Fargo, ni tiene la acción tan lograda como John Wick, ya que hablamos de una cinta de presupuesto modesto que no viene de una gran productora. Aunque el guion intenta incluir comentarios sobre la crisis económica rural o sobre la marginación que sufre la joven Alex (la hija trans del sheriff anterior), estos temas sociales acaban muy diluidos porque hay demasiadas cosas sucediendo al mismo tiempo para dedicarles el tiempo necesario, a lo largo de sus 90 minutos de metraje.

Por otro lado, a nivel de ritmo, Normal peca de arrastrar un poco los pies antes de llegar a la verdadera masacre principal. Sumado a esto, algunos giros de guion resultan predecibles, ciertos momentos de la batalla carecen de la gran escala que prometen, y varias subtramas solo parecen existir para recordarnos a personajes que la película casi había olvidado, provocando breves baches de pereza en su ejecución.

Aunque el público que paga la entrada para ver Normal, sabrá qu cumple su función con creces. El objetivo principal de la cinta es ofrecer un espectáculo catártico y desenfrenado. Puede que hacia el final algunas tramas secundarias pierdan un poco de fuerza o la escala de la batalla se quede algo corta, pero la brillante actuación de Odenkirk siempre devuelve la cinta a su cauce y la violencia captada por la óptica de Wheatley no decae en ningún momento. Es un filme consciente de sus posibilidades, que no busca reinventar la acción ni cambiar la vida del espectador, pero es un entretenimiento centrada en la acción de la más alta calidad. Es una experiencia salvaje que saca una sonrisa viendo cómo este maduro y gruñón sheriff destruye todo a su paso.

¿Quieres leer más críticas?