Super Mario Bros.: La película es exactamente lo que uno puede esperar de una adaptación moderna de Mario hecha por Illumination y Nintendo: color, ritmo, guiños constantes, mundos reconocibles, humor sencillo y una sensación permanente de estar viendo una marca muy bien empaquetada. No es una gran película, pero se puede ver. Y, desde luego, es mucho mejor que aquella rareza de los años 90 con John Leguizamo, que tenía su punto de culto involuntario, pero como adaptación de Mario era un delirio.
Aquí, al menos, Mario parece Mario. El Reino Champiñón, Peach, Luigi, Bowser, Donkey Kong, los karts, los bloques, las tuberías, los power-ups y la música están donde tienen que estar. La película entiende que una parte importante de su público no busca una reinvención profunda, sino ver en pantalla aquello que lleva décadas jugando. En ese sentido, cumple. Es vistosa, rápida y respetuosa con el imaginario de Nintendo.
El problema es que también se queda bastante en la superficie. La historia es mínima, los personajes tienen poca profundidad y muchas escenas parecen diseñadas más como una sucesión de referencias que como una verdadera narración. Hay momentos en los que no parece tanto una película como un parque temático animado: todo es bonito, todo se mueve, todo suena familiar, pero no siempre hay algo debajo.
Aun así, tiene gracia. Bowser es, con diferencia, lo mejor. Jack Black le da una energía absurda y divertida, y la canción “Peaches” funciona muy bien porque entiende el tono exacto: es tonta, pegadiza y ridícula en el mejor sentido. Esa mezcla de villano exagerado y enamorado patético le da a la película algunos de sus momentos más memorables.
También ayuda que dure lo justo. No se eterniza, no intenta complicarse demasiado y va directa de un mundo a otro como si pasara pantallas. Eso puede verse como una limitación, pero también como una virtud: una película de Mario no necesitaba dos horas y media de mitología. Necesitaba moverse, entretener y no hacerse pesada. Y eso lo consigue.
Lo que le falta es algo más de alma. Tiene nostalgia, tiene espectáculo y tiene fidelidad visual, pero no demasiada emoción. Para los niños puede funcionar perfectamente, y para los adultos que crecieron con Mario tiene el placer del reconocimiento. Pero fuera de eso, cuesta encontrar una película realmente memorable. Es divertida mientras dura y bastante olvidable cuando termina.
Super Mario Bros.: La película no salta hasta lo más alto de la bandera, pero pasa el nivel. Es una adaptación correcta, simpática y muy bien diseñada para gustar a fans y niños, con Bowser robando la función cada vez que aparece. No es cine de animación especialmente inspirado, pero sí un entretenimiento familiar eficaz. Y comparada con la versión de los 90, esto ya parece casi una obra maestra del Reino Champiñón.