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    Las 101 mejores películas de la década (2010-2019)
    5 ene. 2020 a las 11:40
    Actualizada el 14 jul. 2020 a las 17:28
    Alejandro G. Calvo
    Alejandro G. Calvo
    -Director de SensaCine
    De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde mi adolescencia me hice Youtuber en el canal de SensaCine donde mi serie 'Cine A Quemarropa' ilumina a miles de fans. Mis dos hijos se llaman como Samuel Fuller y Nicholas Ray y me hacen tremendamente feliz.

    Repasamos algunos de los grandes hitos del cine que han tenido lugar en estos últimos diez años.

    Tras estos meses de confinamiento, seguro que has tenido tiempo para recuperar ese clásico del cine que tenías en el cajón guardando polvo o revisionar alguna de esas cintas que hacía años que no veías. Pero, siempre hay algún que otro largo que se puede quedar en el tintero. Por este motivo, sobre estas líneas SensaCine ha recopilado las 101 mejores películas de la segunda década de este milenio.

    En estos últimos 10 años hemos visto algún que otro hito histórico en el mundo del cine, como el desenlace definitivo de los seis Vengadores originales. Tras el estreno de Vengadores: Endgame, los fans ya han tenido que hacerse a la idea de que el equipo ha cambiado de manera definitiva. Marvel consiguió crear un universo cinematográfico inabarcable y puso de moda las escenas post-créditos, esas que te obligan a quedarte en la butaca casi hasta que el acomodador te echa de la sala.

    Otro hecho que ha llegado hace muy poco es el final de la saga Skywalker. Más de 40 años después de que George Lucas descubriese al mundo el universo de La Guerra de las GalaxiasJ.J. Abrams se encarga de ponerle el lazo al regalo con El ascenso de Skywalker. Aunque la franquicia de Star Wars está lejos de estar muerta, las siguientes historias irán por otros caminos.

    Entre saga y saga, hemos visto otras tendencias cinéfilas, como la explosión de las películas de acción real de Disney, la resurrección de clásicos como Jumanji -con muy buenos números en taquilla- o el final de Harry Potter, que acompañará a los espectadores durante varias generaciones.

    Pero, por encima de todo eso, hemos visto muy buenos títulos y esta lista, compuesta por Alejandro G. Calvo, es la prueba definitiva de que la cartelera no está compuesta únicamente por 'remakes', 'reboots' y secuelas. Desde los clásicos instantáneos de Quentin Tarantino hasta la consagración de Christopher Nolan como uno de los mejores cineastas de su generación; sin olvidar las grandes películas del cine nacional como Magical Girl de Carlos Vermut o el imperecedero Pedro Almodóvar.

    Repasa las 101 mejores películas de la década.

    Madre! (2017), de Darren Aronofsky

    Madre!

    Metáfora hiperbólica sobre la escisión moral del artista o lectura oblicua y retorcida de las Sagradas Escrituras, tanto da, la película de Aronofsky fue odiada y ovacionada a partes iguales. Nosotros somos de los segundos.

    Qué difícil es ser un Dios (2013), de Aleksei German

    Qué difícil es ser un Dios

    Tres horas de imágenes telúricas que bailan entre la crudeza y la lírica para una película totémica, vasta, inabarcable, inextinguible. Trece años le llevó a German su realización y aún así murió sin verla acabada (su compañera y su hijo la finalizaron).

    Gente en sitios (2013), de Juan Cavestany

    Gente en sitios

    La película-emblema del poshumor español nos vino de la mano del siempre poco alabado Juan Cavestany: un seguido de gags en el filo de lo imposible y lo inaceptable que aplaudirían tanto los ZAZ como Manuel Summers.

    Attack the block (2011), de Joe Cornish

    Attack the block

    El cineasta británico Joe Cornish se descubrió al mundo con esta “Guerra de los mundos” en versión suburbial, violenta e hilarante. Una vuelta de tuerca a las invasiones alienígenas tan excitante como brutalmente cómica (y con John Boyega cuando no lo conocía ni su tía).

    Lazzaro feliz (2018), de Alice Rohwacher

    Lazzaro feliz

    El milagro de Lazzaro, resucitado en elipsis temporal categórica, sirve de bisagra entre distantes aunque parejas esclavitudes. Sólo la mirada inocente de Lazzaro nos desvela que la pureza de espíritu es posible, aunque ingrata.

    Dolor y dinero (2013), de Michael Bay

    Dolor y dinero

    Cuando Michael Bay no se dedica a conducir Ferraris, ligar con modelos de Victoria’s Secret y hacer películas inservibles de juguetes gigantes (lo que es muy raramente), nos entrega locuras tan diabólicas como ésta. Ojalá se centrara (bastante improbable).

    A ghost story (2017), de David Lowery

    A ghost story

    La vida es corta pero el amor es eterno. También la condena. Como la de este fantasma de sábana y agujeros anclado a un hogar en continua mutación. Una bella parábola que ensalza el amor maldiciendo (vía Bonnie Prince Billy) la vida.

    El renacido (2015), de Alejandro González Iñárritu

    El renacido

    Que sea un western nevado ya hace de ésta la mejor de las películas del ególatra realizador mexicano. Que además sea un relato de supervivencia cercano al horror con una gran pelea con oso lo mejora. Hasta le perdonamos los plagios a Tarkovski.

    La cabaña en el bosque (2011), de Drew Goddard

    La cabaña en el bosque

    Con guión de Joss Whedon y el propio Goddard, La cabaña en el bosque se convirtió en uno de los primeros hits de la década: la vuelta de tuerca avant-pop del slasher tan inteligente en su guión-caramelo como categórica en sus formas resolutivas.

    Star Trek: En la oscuridad (2013), de J.J. Abrams

    Star Trek: En la oscuridad

    Abrams realiza su mejor película con esta relectura de la mítica Star Trek II: La ira de Khan (1982) en modo de space opera adrenalínica con secuencias al límite -ese salto a través del espacio- y un villano (Cumberbatch) para disecar y llevarlo a tu casa como adorno de salón.

    Spotlight (2015), de Tom McCarthy

    Spotlight

    Obra seminal del cine-periodístico -siguiendo la estela de Todos los hombres del presidente (1976)-, la oscarizada película de McCarthy tensa el suspense para dignificar el trabajo del hombre de a pie en contra de lo que podríamos llamar el mal más absoluto.

    Demasiado cerca (2017), de Kantemir Balagov

    Demasiado cerca

    Heredero de Aleksandr Sokurov (el último maestro ruso), el debutante Balagov, sorprendió en Cannes con una película dardenniana donde una totémica Darya Zhovnar (la verdadera Wonder Woman de la década) se dejaba la piel para defender su identidad y libertad.

    Call me by your name (2017), de Luca Guadagnino

    Call me by your name

    La historia de amor del último verano de nuestras vidas. Guadagnino, al que le pierde la orfebrería intelectual y los zumos de melocotón, logra captar a la perfección toda la belleza, toda la pasión y toda la tristeza de ese amor que fue y no fue.

    Tres anuncios en las afueras (2017), de Martin McDonagh

    Tres anuncios en las afueras

    Categórico mazazo el del británico Martin McDonagh a la Norteamérica redneck, machista y racista, en este retrato a modo de comedia negra de una madre desolada y vengativa a partes iguales (con una inmensa Frances McDormand).

    Bienvenidos al fin del mundo (2013), de Edgar Wright

    Bienvenidos al fin del mundo

    El cierre de la “Trilogía del Cornetto” -las otras obras gigantes: Zombies Party (2004) y Arma fatal (2007)- era una baratón de cuarentañeros donde entre pinta y pinta se dedicaban a combatir marcianos. Edgar Wright, te queremos.

    El hijo de Saúl (2015), de László Nemes

    El hijo de Saúl

    El holocausto en plano secuencia y cámara al hombro. Siguiendo las espaldas del pobre Saúl, tratando de dar sepultura a su hijo, atrapado por el horror más absoluto y categórico del Siglo XX, y siempre jugando con el enfoque parcial para hacer del odio, abstracción.

    Perdida (2014), de David Fincher

    Perdida

    El último largometraje de Fincher hasta la fecha era una apoteosis del retruécano merced a un pan-sin-sal al que le desaparece la mujer -diabólica Rosamund Pike- y a cada paso que da se le complica más la vida (se le aprieta más el nudo de la horca).

    Al filo del mañana (2014), de Doug Liman

    Al filo del mañana

    El día de la marmota de Tom Cruise, atrapado en una invasión alienígena y enredado en morir una y mil veces, fue toda una pirueta estilística del siempre poco valorado Doug Liman. Tendrá secuela. Esperemos que no la caguen.

    Lo que esconde Silver Lake (2018), de David Robert Mitchell

    Lo que esconde Silver Lake

    Salto de gigante de Robert Mitchell en esta pesadilla hollywoodiense que cubre con holgura a Hitchcock, Pynchon y Altman (con el “What’s The Frequency Kenneth” atronando), mientras un joven se pierde en pistas cada vez más locas tratando de buscar a la tentación que vive al lado.

    Misterios de Lisboa (2010), de Raoul Ruiz

    Misterios de Lisboa

    La obra magna del desaparecido Raoul Ruiz era un seguido de historias (4 horas y media) de época donde modernidad y clasicismo se entrecruzan de forma fascinante. Llegó a editarse como una mini-serie de seis episodios aún más larga (y mejor).

    Gravity (2013), de Alfonso Cuarón

    Gravity

    Una de las cumbres del plano-secuencia de la década a la vez que film galáctico en formato de thriller vertical, Gravity es una delicia fílmica absorbente y taquicárdica que mucho confundieron con un juguete carísimo. Mal. Es una absoluta maravilla.

    El topo (2011), de Tomas Alfredson

    El topo

    El realizador sueco Tomas Alfredson conmocionó al género con su film vampírico Déjame entrar (2011) pero en El topo acabó por coronarse como enorme cineasta con un film de espías de corte ultra-clásico que resultaba toda una delicatessen (canción de Julio Iglesias inclusive).

    En otro país (2012), de Hong Sang-soo

    En otro país

    Hahaha (2010). Oki’s Movie (2010). The Day He Arrives (2011). Ahora sí, antes no (2015). Lo tuyo y tú (2016). En la playa sola de noche (2017). The Day After (2017). Grass (2018). En realidad, cualquiera de Hong habría valido. Candidato a mejor cineasta de la década.

    Clímax (2018), de Gaspar Noé

    Clímax

    Por una vez Noé pone el freno a su gusto por lo extremo y se dedica a aquello en lo que es un cineasta insuperable: poner en escena a cuerpos moviéndose dentro del plano con sinuosidad, vicio y enajenación. (En realidad es una metáfora sobre Francia y los franceses).

    Declaración de guerra (2011), de Valérie Donzelli

    Declaración de guerra

    Donzelli tira de las formas de la nouvelle vague para extraer tragicomedia y amor desbordado de una historia tan real como triste y esperanzadora. Mirar al abismo con pundonor, orgullo y cariño. Esta sí era una película difícil.

    Hereditary (2018), de Ari Aster

    Hereditary

    La renovación del terror -¿el mejor género de la década?- llegó de, entre otros, la mano de Ari Aster con esta miniatura donde el horror y el fantástico se aunaban para decapitar niñas y honrar culto a Satán. Increíble Toni Collette.

    The night comes for us (2018), de Timo Tjahanto

    The night comes for us

    Como ya casi no se hace cine de artes marciales en condiciones, el realizador indonesio Timo Tjahjanto nos alegró la vida con esta ensalada de hostias pardas, peleas en cocinas y reconversión de utensilios domésticos en armas mortíferas. Sonrisa de oreja a oreja.

    Cold war (2018), de Pawel Pawlikowski

    Cold war

    Las historias de amor para ser realmente buenas tienen que ser profundamente tristes. Así lo entiende el polaco Pawlikowski, fiel al plano cuadrado en B/N de luz y composición pluscuamperfecta, a través de sus amantes suicidas.

    La vida de Calabacín (2016), de Claude Barras

    La vida de calabacín

    La animación, en cualquiera de sus mutaciones, ha vivido una década absolutamente maravillosa. Con guión de Céline Sciamma, La vida de Calabacín fue sin duda uno de los picos del género. Un cuento de amor fraternal entre niños desamparados huyendo del melodrama hueco y abrazando el amor en el desamparo.

    Toni Erdmann (2016), de Maren Ade

    Toni Erdmann

    Muy buena tiene que ser una comedia para que no desfallezca a lo largo de casi tres horas. La realizadora alemana Maren Ade, sin embargo, logra lo imposible mediante una concatenación prácticamente épica de secuencias afiladas: canción de Whitney Houston, fiesta en pelotas y abrazo de Chewbacca.

    Sieranevada (2016)

    Sieranevada

    El nuevo cine rumano sigue dando buena prueba de su fuerza estilística merced a películas tan absolutas como Sieranevada. El director de La muerte del señor Lazarescu (2005) ofrece su mejor película en un retrato coral (muy Berlanga) trabajando el humor negro con una puesta en escena rompe-mandíbulas.

    Bone Tomahawk (2015), de S. Craig Zahler

    Bone Tomahawk

    Una de las grandes filias personales de estos últimos diez años: Zahler es un cineasta sin complejos a la hora de poner en primer plano la violencia más gráfica (algo necesario en los tiempos que corren). Además aquí lo hace con un western con caníbales. Vamos, que parece que me conozca.

    El viento se levanta (2013), de Hayao Miyazaki

    El viento se levanta

    El maestro Miyazaki abandono su retiro para entregarnos un anime fuera de toda norma: un melodrama histórico (muy a lo David Lean) de los que tejan con la palabra en la boca y el nudo en la garganta. Si este es su adiós al cine, su carrera no baja del 9.75.

    Un método peligroso (2011), de David Cronenberg

    Un método peligroso

    Con el cambio de siglo el cineasta de la Nueva Carne decidió dejar de follar con nuestros cuerpos mutados a hacerlo con nuestras mentes más jodidas. Aquí, además, con Sigmun Freud y Carl Gustav Jung como soberbios perversos en decadencia viscontiana.

    Tournée (2010), de Mathieu Amalric

    Tournée

    La carrera del actor Amalric detrás de las cámaras no deja de darnos sorpresas -ojo también a El cuarto azul (2014) y Barbara (2017)- que en Tournée tiene la rapidez y fiereza de un Cassavetes, con un cariño por sus outcasts protagonistas (y por la vida libre) siempre a reivindicar.

    The yellow sea (2010), de Na Hong-jin

    The yellow sea

    El cineasta coreano Na Hong-jin es uno de los nombres claves para entender el mejor thriller contemporáeno: mezcla de suspense superlativo y largas set-pieces de acción en la cuerda floja, a las que sumamos con todo tipo de armas blancas (machetes y hachas inclusive) hacen de ésta película un festín para los amantes del género.

    Origen (2010), de Christopher Nolan

    Origen

    Con ecos al Paprika del desaparecido Satoshi Kon, el Origen de Nolan era un trip visual en toda regla. Sueños dentro de sueños en un mundo plástico y mutante con la tensión siempre al borde de reventarte el miocardio.

    Berberian Sound Studio (2012), de Peter Strickland

    Berberian Sound Studio

    El realizador británico Peter Strickland nos coló con mantequilla un film de texturas de vanguardia disfrazado de satén giallo que lograba convencer tanto a los fans a ultranza del terror como a los estetas siempre a la caza de esa imagen-epifanía que les ilumine el mundo (yo soy de ambos grupos).

    Looper (2012), de Rian Johnson

    Looper

    Antes de que el hardcore fandom de Star Wars lo convirtiera, de forma tremendamente injusta, en su particular wicker man, Rian Johnson hilaba uno de los thrillers fantásticos mejores engrasados del nuevo siglo: viajes en el tiempo para salvar la propia vida. Vaya chute.

    Historia de un matrimonio (2019)

    Historia de un matrimonio

    Fiel a su devoción por el retrato modernista de la desolación del individuo, Baumbach retrata -con Escenas de un matrimonio de Ingmar Bergman en el reflejo (1973)- el fin del amor de la mano de dos actores dejándose la piel: Scarlett Johansson y Adam Driver.

    Take Shelter (2011), de Jeff Nichols

    Take Shelter

    La obsesión siempre es una arma categórica cinematográfica. En este caso, un padre de familia (Michael Shannon demostrando que no tiene nada que envidiar a Joaquin Phoenix o Casey Affleck), desesperado ante el advenimiento de una tormenta que parece estar sólo en su cabeza. Un drama claustrofóbico que acaba iluminando el alma entera.

    El Havre (2011), de Aki Kaurismaki

    El Havre

    El cuento-milagro sobre la inmigración ha tenido dos vertientes hermosísimas en el mundo del maestro Kaurismaki: El otro lado de la esperanza (2017) y El Havre. Fiel a su universo como sólo han podido aguantar los grandes autores de la historia del cine, Kaurismaki emociona y hace reír a veces con un mismo gesto.

    The deep blue sea (2011), de Terence Davies

    The deep blue sea

    El maestro de Liverpool nos ofreció un magnífico retrato de mujer ahogándose en un amor imposible (increíble Rachel Weisz) a manos de un galán con la percha de Tom Hiddelston. Un melodrama de época con canciones en tabernas y secretos a gritos en el hogar-prisión con todo el sentido y la sensibilidad del gran cine.

    El congreso (2013), de Ari Folman

    El congreso

    Partiendo de una novela de Stanislaw Lem, Folman se rinde a los pies de la actriz Robin Wright en un doble relato -ficción real y animación- que ahonda tanto en la devoción artística como la hipérbole de la imagen animada (que parece un anime dirigido por Tex Avery).

    El cuento de la princesa Kaguya (2013), de Isao Takahata

    El cuento de la princesa Kaguya

    El 5 de abril de 2018 nos dejaba el gran Isao Takahata, autor de uno de los animes más importantes de la historia del cine: La tumba de las luciérnagas (1988). Su última película, El cuento de la princesa Kaguya es una delicia de acuarelas volátiles y contornos en blanco arropando un cuento de hadas para niños superdotados.

    Crudo (2016), de Julia Ducornau

    Crudo

    Crudo podría ser una metáfora (a lo Cronenberg) sobre la transformación en la adolescencia, el bullying, la opresión católica o la pérdida de la virginidad; eso está claro. Pero también es una película de horror con exquisita fascinación por la sangre y la carne. No apta para crudiveguanos.

    La llegada (2016), de Denis Villeneuve

    La llegada

    Aún resuena en mi cabeza la composición de de Jóhann Jóhannsson para La llegada. Ciencia-ficción metafísica, que fascinaría por igual a Kubrick y a Malick, coronando a Villeneuve como uno de los cineastas clave del período. Viajemos en el tiempo, una vez más.

    Roma (2018), de Alfonso Cuarón

    Roma

    Cuarón rememora su infancia trasladando su gusto por el plano virtuoso de corte épico llevándolo al drama intimista con mujeres maltratadas por el devenir vital. Tiene altibajos -planos que se podía haber ahorrado-, pero sus grandes momentos lo compensan todo.

    Dolor y gloria (2019), de Pedro Almodóvar

    Dolor y gloria

    Almodóvar entre Ozu y Fellini, mirada interior para exponer su condición de autor total cuando ya ha demostrado más de lo que tenía que demostrar. Película episódica, con personajes que aparecen y desaparecen, mirando hacia atrás y hacia adelante, cruda y poética. Y cómo está Antonio Banderas.

    Ad Astra (2019), de James Gray

    Ad Astra

    Viajar más allá de las estrellas para encontrarse a uno mismo. Secuencias de acción suspendidas en el vacío -lo del diseño de sonido es una filigrana-. Joseph Conrad trazando una space opera que acaba encontrando a Stanislaw Lem. A la cabeza de la ciencia-ficción trascendental.

    Killer Joe (2011), de William Friedkin

    Killer Joe

    Uno de los mejores y más ricos puñetazos en la cara de la temporada. Friedkin, a quién todo el mundo tenía olvidado, resucitó para el cine a Matthew McConaghue dándole el papel de mayor hijo de puta de su carrera. La violación y la pata de pollo. Ya nadie hace cine así.

    Vengadores: Infinity War & Endgame (2018-2019), de Joe y Anthony Russo

    Vengadores: Infinity War y Endgame

    La obra magna del cine de superhéroes en forma de díptico que vanagloria el Hollywood contemporáneo convirtiendo a toda su competencia en cine residual. De épica disparada, secuencias de acción insuperables, atención milimétrica a cada personaje y un villano nihilista capaz de robar todo el protagonismo. El futuro aún no está escrito.

    Retrato de una mujer en llamas (2019), de Céline Sciamma

    La forma del agua (2017), de Guillermo del Toro

    La forma del agua

    El último (hasta la fecha) cuento de hadas de Guillermo del Toro venía con princesa muda (y cicatrices), criatura marina nieta de la de La mujer y el monstruo (1954) y un Michael Shannon necesariamente mefistotélico. Una de las cumbres del fantástico reciente que Hollywood premió con 4 Oscars (para alborozo de los fans) (como yo).

    El año más violento (2014), de J.C. Chandor

    El año más violento

    Con Oscar Isaac transmutado en el Al Pacino de los años 70, El año más violento se descubre como un lúgubre post-noir funambulista en su uso del suspense y con una Jessica Chastain en plan Lady Macbeth que te hiela la sangre. El techo de Chandor, por ahora.

    The Raid (2011), de Gareth Evans

    The Raid

    Una de las sensaciones de la década: la película de Gareth Evans es un monumental huis clos con policía atrapado en un edificio lleno de villanos karatekas. La ensaimada de hostias pardas que acumula esta película, realizada a la vieja usanza de las artes marciales, es de no parar de llorar.

    It Follows (2014), de David Robert Mitchell

    It Follows

    Siguiendo el patrón metafórico social de obras canónicas del género -La noche de los muertos vivientes (1968), La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)-, aquí siendo la amenaza un ente perseguidor implacable y una maldición por contagio sexual, Mitchell consiguió en su segunda película una de las cumbres del terror de la década.

    Todos queremos algo (2016), de Richard Linklater

    Todo queremos algo

    Aunque en todas las listas que he visto la película de Linklater elegida de la década es Boyhood (2014), lo cierto es que a mí me gusta aún más este retrato, casi fotografía, generacional de los usos y costumbres de unos universitarios al borde adentrarse en la vida adulta. Perfecta para ver en sesión doble con Movida del 76 (1993).

    The Assassin (2016), de Hou Hsiao-hsien

    The Assassin

    Hou es uno de los mayores maestros del cine contemporáneo, su obra, totémica, abarca ya cuatro décadas siendo punta de lanza del mejor y más vanguardista cine de autor. En este shambara, categórico y lírico a partes iguales, demostró además que podía alejarse de sus retratos (muy Ozu) de la actualidad para bañarse en la época fantástica manteniendo incólume su estilo.

    Al otro lado del viento (2018), de Orson Welles

    Al otro lado del viento

    Rodada entre 1970 y 1976, pero nunca finalizada (como tantos otros proyectos del maestro), la película por fin vio la luz en 2018 gracias a Netflix y a Peter Bogdanovich. El resultado: asombrosa enésima muestra del genio de Welles, cine dentro del cine para un retrato diabólico del fin del Hollywood clásico.

    Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010), de Apichatpong Weerasethakul

    Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas

    No necesitaba Apichatpong la sorprendente Palma de Oro en Cannes 2010 -jurado presidido por Tim Burton- para consagrarse como nada. Su obra, bestial, totémica, sinuosa y fantasmática, habla por sí sola. Con Boonmee únicamente volvió a demostrar que es un cineasta único a la hora de trazar la conexión entre lo humano, lo biológico y lo eterno.

    Casa de tolerancia (2011), de Bertrand Bonello

    Casa de tolerancia

    Bonello resucita el espíritu de Jean Renoir en su retrato de un burdel, a medio camino entre el XIX y el XX, con tanta naturalidad y poesía como tristeza y castigo. A su manera también es un canto nouvelle-vaguiano a la libertad de unas mujeres esclavizadas por la vida. Y qué colección de canciones como Banda Sonora.

    Spring Breakers (2012), de Harmony Korine

    Spring Breakers

    En el Top de películas controvertidas y polémicas del año -junto a Los últimos Jedi (2017) y Mektoub, My Love: Intermezzo (2019)-, Spring Breakers fue el gol por la escuadra de Korine a todo lo políticamente correcto que ahoga nuestro mundo. ¿La receta? Hedonismo, lascivia, politoxicomanía, hoplofilia… protagonizada por heroínas del Club Disney y James Franco como el Lobo Feroz.

    Personal Shopper (2016), de Olivier Assayas

    Personal Shopper

    Desbordante ejercicio de suspense -a lo Hitchcock, a lo De Palma- con una Kristen Stewart de otra galaxia -¿mejor actriz de la década?-, Assayas teje tensión asfixiante a través de pantallas de móviles y tiendas de ropa carísima. Esto sí que es gozar el cine.

    Nightcrawler (2014), de Dan Gilroy

    Nightcrawler

    El verdadero Taxi Driver (1976) contemporáneo -y no El Joker (2019), que es más El rey de la comedia (1982)- es esta película con un cámara vampírico (muy Peeping Tom (1960)), con el cuerpo consumido de un Jake Gyllenhaal en plan Nosferatu. No tiene pinta de que Gilroy sea capaz de repetir semejante hazaña.

    Moonrise Kingdom (2012), de Wes Anderson

    Moonrise Kingdom

    La simetría del primer amor rodada con toda la sensibilidad, belleza, humor y cariño de Wes Anderson. El Campamento Ivanhoe como el refugio perfecto para encontrar las ilusiones perdidas o generar nuevas que nos dejen cicatrices (muy dentro) para llevar con honor y orgullo el resto de nuestra vida.

    Misión Imposible: Nación secreta (2015), de Christopher McQuarrie

    Misión Imposible: Nación secreta

    Ethan Hunt, como Tom Cruise, no envejece nunca. Él sí es un verdadero superhéroe. En la penúltima entrega de su saga personal, todo cobra forma espídica, como en la quinta temporada de 24 pero con escenas de acción que encajarían entre lo mejor del género sin problema.

    Mandy (2018), de Panos Cosmatos

    Mandy

    La revolución de Cannes 2018: una película-bisagra cuya estética bebe más del LSD adulterado y de la capacidad innata de Nicolas Cage para generar memes que de cualquier otro referente del terror. Violenta, cruel, telúrica, divertidísima… Mandy es las historia de amor y horror más hermosa desde el Drácula de Bram Stoker.

    La vida de Adèle (2013), de Abdellatif Kechiche

    La vida de Adèle

    Dado que es prácticamente imposible que veamos algún día sus Mektoub en pantalla grande, nos tocará seguir disfrutando de esta carnal película de amor entre mujeres donde Kechiche da rienda suelta a su pasión por encuadrar el cuerpo femenino eliminando lo softcore de lo hardcore. A Spielberg le gustó tanto que le dio una Palma de Oro.

    La red social (2010), de David Fincher

    La red social

    Thriller sobre la amistad traicionada y uno de los mejores ejercicios de asperger cinematográficos hechos nunca; La red social nos explica cómo se pergeñó Facebook, y así el nuevo mundo, en una radiografía del éxito empresarial que es a la vez el fracaso de la ética humana.

    Holy Motors (2012), de Leos Carax

    Holy Motors

    Película bastante diferente a las superlativas Mala sangre (1986) y Los amantes del Pont-Neuf (1991), construida a modo de puzle de cuentos entrecruzados de similar tono pero distinto empaque -thriller, musical, comedia, drama-, Holy Motors, como también lo fue en su día Cabeza borradora (1977) es una pesadilla fílmica en la que regodearse como un marrano.

    El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese

    El lobo de Wall Street

    Jordan Belfort, el verdadero, sin duda era una persona execrable que ejemplificaba en sí mismo muchas de las amoralidades del ser humano. Ahora, en la piel de Leonardo DiCaprio y bajo la mirada libre de prejuicios de Scorsese, es un auténtico titán, capaz de hacernos partícipes de sus orgías de dinero, sexo y drogas con una sonrisa que nos daba la vuelta a la cabeza.

    El faro (2019), de Robert Eggers

    El faro

    Ni Neville, ni Conrad, esto es puro Eggers. Un viejo lobo de mar y un marinero de agua dulce quedan varados en el fin del mundo en forma de isla mínima con un faro como continente y contenido. Normal entregarse al alcohol, las peleas, las envidias, los bailes, el amor, más alcohol, más peleas, unas pajas y la locura absoluta. En fascinante B/N y pantalla cuadrada.

    El árbol de la vida (2011), de Terrence Malick

    El árbol de la vida

    Justo antes de enloquecer y perderse en los meandros de la improvisación y los momentos-epifanía de su trilogía sobre el plano hortera, Malick nos ofreció esta película supernova, casi su propio Evangelio sobre sí mismo, una de las mayores expresiones poéticas que haya dado el cine a lo largo de toda su historia.

    Del revés (2015), de Pete Docter

    Del revés

    Pete Docter le robó a John Lasseter el título de rey de la animación digital mainstream con esta deslumbrante y emocionante -que hartón de llorar, yo, que había sido padre hace nada- representación de las emociones primarias de una pre-adolescente en forma de colores y mundos internos. Tan sencillo, tan complejo, tan inteligente.

    Burning (2018), de Lee Chang-dong

    Burning

    Aunque sólo fuera por Oasis (2002) el nombre de Lee Chang-dong ya debería estar grabado a fuego en el corazón de todos los que aman el buen cine. Con Burning Lee llevaba su arte dos pasos más adelante en una adaptación de Murakami por devoción por el thriller irresuelto, el amor truncado y la obsesión como arma de destrucción personal (con trompeta de Miles Davis).

    Toy Story 3 (2010), de Lee Unkrich

    Toy Story 3

    El cierre perfecto para una saga perfecta… hasta que llegaron con una cuarta e innecesaria película para fastidiarlo. La tercera era una versión juguetil de La gran evasión (1963) ahondando en el dolor de los muñecos abandonados y con dos momentos de lágrima viva: el incinerador y Andy cediendo sus juguetes a Molly. Dios. Si es que estoy llorando mientras escribo.

    Z, la ciudad perdida (2016), de James Gray

    Z, la ciudad perdida

    James Gray se aleja del territorio urbano que le es proclive para adentrarse en la selva amazónica inexplorada de la mano de Charlie Hunnam y Robert Pattinson. El resultado: un cuento entre Conrad y Herzog con la obsesión como principal mecanismo narrativo.

    Parásitos (2019), de Bong Joon-ho

    Parásitos

    Una de las sensaciones más extremas y a la vez refinadas del 2019: el maestro Bong se aleja de sus proyectos en EEUU para regresar a su Corea natal para enarbolar un ejercicio a medio camino de Hitchcock y Buñuel, tan inesperado en sus giros argumentales como eléctrico en sus golpes de efectos. Los ricos sí lloran.

    A propósito de Llewyn Davis (2013), de Joel y Ethan Coen

    A propósito de Llewyn Davis

    Con Dave Van Ronk como modelo a retratar, los Coen cambian su foco de chanzas -de la norteamérica redneck a los cantantes folks del Village pre-Dylan- en un nuevo viaje homérico a cargo de un cantante con gato, tan atinado en sus canciones, como desastroso en sus decisiones vitales. Oscar Isaac, de nuevo, haciendo historia.

    Joker (2019), de Todd Philips

    Joker

    Uno de los mayores hits del cine superheroico, entre otras cosas, porque no tiene nada de superheroico. Retrato de hombre (payaso) consumido por una vida de perros, que mira al mejor cine norteamericano de los 70, consiguiendo lo obvio: su locura es solo un reflejo de la locura de la sociedad. Él es su respuesta perfecta. Joaquin Phoenix vira al mainstream sin perder un pelo de talento.

    El irlandés (2019), de Martin Scorsese

    El irlandés

    Uno de los mayores misterios del crimen organizado moderno, la desaparición de Jimmy Hoffa, le sirve a Scorsese para enarbolar su relato de gángsters definitivo. Ni siquiera los desvaríos del CGI pueden empañar la furia, la violencia, el humor, la amistad, la tristeza y, finalmente, el abandono que evoca esta maravilla crepuscular.

    Isla de perros (2018), de Wes Anderson

    Isla de perros

    Segunda incursión de Wes Anderson en la animación tejiendo una deliciosa odisea perruna, que bebe de Ozu y Miyazaki por igual, buscando tanto deleitar con el detallismo de la composición en el plano (avasalladora) como conmover con su bellísimo relato sobre la amistad entre los desamparados.

    Blade Runner 2049 (2017), de Denis Villeneuve

    Blade Runner 2049

    Se antojaba si no imposible, tremendamente difícil que una secuela de la seminal Blade Runner (1982) estuviera a la altura del original. Por suerte el hombre tras las cámaras era Denis Villeneuve, capaz no sólo revivir el pesar existencial de los replicantes, si no de crear una nueva y fascinante película que hiciera avanzar los conceptos sci-fi de la primera. Ama al holograma.

    Dunkerque (2017), de Christopher Nolan

    Dunkerque

    La incursión en el bélico del director de El caballero oscuro (2008) fue un apasionante y asfixiante (por igual) relato en triple narración temporal plagado de imágenes indelebles ya en la historia del género. Concatenadas secuencias al límite de lo imposible construyen un relato épico sobre la supervivencia frente a la barbarie tremendamente categóricas.

    Érase una vez en… Hollywood (2019), de Quentin Tarantino

    Érase una vez en… Hollywood

    La carta de amor de Quentin Tarantino al Hollywood de los 50-60 (su infancia) es una nueva ucronía donde el realizador rehace la Historia a su hecho y derecho mientras da una nueva lección sin ambages sobre el arte de hacer y ver cine. Cambiando el mundo con un chasquido de dedos.

    La piel que habito (2011), de Pedro Almodóvar

    La piel que habito

    Con Georges Franju en la cabeza pero siendo siempre Pedro en el corazón, Almodóvar teje un thriller con mad doctor (de nuevo, gigante Banderas) demostrando que sigue siendo el rey del melodrama imposible: la emoción, el desgarro y la pasión surgen a veces de lo grotesco cuando la mano que te guía es la de un maestro.

    Spider-Man: Un nuevo universo (2018), de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman

    Spider-Man: Un nuevo universo

    El mejor Spider-Man de la década podría haber sido el de Tom Holland si no fuera por la audacia de Phil Lord (guionista), capaz de regurgitar el Spider-Verse de Dan Slott en una aventura poliédrica y psicotrónica a la par, en una de las cumbres de la animación contemporánea.

    Magical Girl (2014), de Carlos Vermut

    Magical Girl

    Las tres películas de Carlos Vermut en esta década -Diamond Flash (2011), Magical Girl y Quién te cantará (2018), constituyen uno de los arranques de carrera más fascinantes de la historia del cine español. Magical Girl sería la mejor de ellas: un viaje de la mano de una fascinante Bárbara Lennie hacia el lado turbio de la existencia, tan audaz en sus formas, como asombrosa en un recorrido.

    Good Time (2017), de Josh & Benny Safdie

    Good Time

    La pesadilla hecha película. Good Time es un thriller taquicárdico, con un protagonista (Robert Pattinson, que no elige malas películas) que no toma una buena decisión en toda una noche que abraza por igual a Céline y a Edgar G. Ulmer. Los Safdie repiten formato y éxito en Uncut Gems (2019), aunque esa no llegará a nuestras pantallas hasta el año que viene.

    The Master (2012), de Paul Thomas Anderson

    The Master

    Otra película heredera de Taxi Driver (1976), aunque aquí, si cabe, el protagonista (Joaquin Phoenix más retorcido que nunca), está aún más desequilibrado que Travis Bickle. Así que busca ayuda en manos de un mefistotélico Philip Seymour Hoffman (DEP). Sus sesiones de terapia, vehiculantes de la obra, son todas de 10.

    La Lego película (2014), de Phil Lord y Christopher Miller

    La Lego película

    Solo Lord y Miller son capaces de coger un encargo para hacer una película sobre un juguete y acabar haciendo uno de los juegos metalingüísticos y metacinematográficos más asombrosos de este siglo. Comedia en caída libre, oda a la stop-motion y a llenar el plano con 1001 detalles, y aventura post-Matrix trepidante, nos llegó a hacer creer que cualquier película sería mejor en versión Lego.

    Under The Skin (2013), de Jonathan Glazer

    Under the skin

    Segundo golazo del cine experimental imbuído en cuerpo sci-fi con alienígena (con la carne de Scarlett Johansson) devora-hombres en plena metamorfosis hacia el hedonismo terrestre. Película loop, con repeticiones continuas casi a lo Kiarostami, desvaríos visuales y tormenta existencial marciana, se adentraba en el terror a través de la fragilidad de los sentimientos, estos sí, tan humanos.

    Interstellar (2014), de Christopher Nolan

    Interstellar

    El viaje al espacio para la búsqueda de un nuevo hogar donde los humanos puedan existir, en manos de Nolan, se convierte en un espectáculo de viajes en el tiempo y thriller fantástico que, a la postre, lo que quiere es mostrarnos el amor de un padre por su hija. Nolan se pasa el espectáculo, se vacía en el drama y aterroriza en los momentos de tensión máxima. Incomprensible lo de los haters.

    Elle (2016), de Paul Verhoeven

    Elle

    Que Verhoeven regrese tras la cámara ya es un notición para la cinefilia a celebrar como si cada día fuera fin de año. Que además lo haga con un relato tan a la contra de los tiempos políticamente correctos, retratando a una mujer incólume, dura como el asfalto y poderosa como una Diosa egipcia, capaz de sobrellevar las agresiones de la vida con un orgullo exquisitamente sadomasoquista, es de arrancarse la cabeza.

    Paterson (2016), de Jim Jarmusch

    Paterson

    Jarmusch siempre ha sido un poeta del intersticio. Un creador voraz en lo fílmico, desopilante en sus retruécanos, modélico en su devenir autoral. En Paterson prácticamente logra lo imposible: supera los niveles poéticos de su obra a partir de ripios sobre la cotidianidad, siguiendo el patrón de William Carlos Williams. Siete actos con distintas variaciones siguiendo al conductor de autobús al que da vida Adam Driver, en los que Jarmusch logra despojarse de todo y de todos, alcanzando el hueso lírico tan ajeno a la mayoría de los mortales.

    Los odiosos ocho (2015), de Quentin Tarantino

    Los odiosos ocho

    Tras el cruce entre el spaghetti western y la blaxploitation que supuso Django desencadenado (2012), Tarantino repite el formato western (nevado) cruzando el género con un diabólico whodunit a lo Agatha Christie. Larguísimas secuencias de diálogos serpenteantes con tendencia a acabar en un baño de sangre cuya composición escénica es, básicamente, pluscuamperfecta.

    Drive (2011), de Nicolas Winding Refn

    Drive

    Lo más cerca que Winding Refn estuvo nunca del mainstream fue con esta cinta de atracos frustrados y aroma fatalista con Ryan Gosling a modo de samurai contemporáneo (el de Alain Delon, no el de Toshiro Mifune) entregado a una historia de amor con secuencia en ascensor digna de ovación. Parca en palabras, como todo buen post-noir, Drive es la película más cool de la década sin lugar a dudas.

    Carol (2015), de Todd Haynes

    Carol

    Las mejores historias de amor son aquellas que son historias de amor imposibles (creo que eso ya lo he dicho, pero llevo demasiados textos como para acordarme). Haynes, maestro del melodrama a lo Sirk, teje el retrato de amantes definitivo: Cate Blanchett y Rooney Mara, se enfrentan al mundo con la única armadura de su amor apasionado. Y resulta que, al final, lo imposible, quizás, solo quizás, era posible.

    Mad Max: Furia en la carretera (2015), de George Miller

    Mad Max: Furia en la carretera

    El milagro de los panes y los peces en versión desert-punk. Miller, que llevaba años haciendo películas de pingüinos bailarines, retoma su saga seminal post-apocalíptica -Mad Max (1979)-, cambiando al macho alfa de Mel Gibson por el macho súper alfa de Tom Hardy, en esta peculiar versión de Los autos locos visceral, sangrienta y bizarra que reventó cabezas de espectadores a lo largo y ancho de toda la cinefilia terrestre.

    El hilo invisible (2017), de Paul Thomas Anderson

    El hilo invisible

    No hay nada más moderno que lo puramente clásico, eso lo sabe bien el maestro Paul Thomas Anderson que, con los años, no deja de destilar, sublimar y cristalizar las esencias del cine de autor de los años 40 y 50 en relatos radicalmente modernos, con protagonistas tan desquiciados y auto-punitivos como anti-héroes frágiles cuya ambición y fragilidad mental acaban mereciendo toda nuestra devoción cinéfila. La historia de amor, tóxica y perversa, de El hilo invisible va de Max Ophuls a Alfred Hitchcock, convirtiendo al ser sumiso en dominatrix inclemente. Domando al león, fustigando al genio, ganándose su corazón (y el del espectador) en esta obra cumbre de la Historia del cine.

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